By | abril 11, 2017

Erika Poremski tiene 29 años y vive en Baltimore, Maryland. Un día, una fuerte tormenta hizo que un rayo cayera sobre el transformador de su casa, dejando sin luz su hogar. Dentro estaban ella, su hija pequeña y su mascota, un perro.

Erika encendió una vela en el salón, cogió su teléfono móvil y cuando se dispuso a llamar a la compañía eléctrica para informar del problema, se dió cuenta de que no tenía batería. Entonces, decidió salir al coche para conectarlo al cargador y realizar la llamada.

Ya en el exterior, Erika sintió un escalofrío, “algo” iba mal, lo presentía. Se dió la vuelta y vió que la casa parecía estar ardiendo. Presa del pánico, Poremski corrió hacia el interior de la casa porque su hija  de ocho meses de edad, Viviana, estaba durmiendo arriba. La vela se había caído, provocando que ardieran el sofá y la alfombra.

A pesar de sus mejores esfuerzos, no pudo llegar hasta su hija para sacarla de la casa. Ella salió corriendo, y comenzó a pedir ayuda a gritos.

Parecía que a  Viviana le esperaba lo peor, pero su perro, Polo, estaba allí con ella, cubriendo con su lado izquierdo a la pequeña, soportando el calor de las llamas. Cuando los servicios de emergencia finalmente los alcanzaron, el valiente perro había fallecido.

A pesar de la valiente acción de Polo, Viviana sufrió quemaduras en el 20 por ciento de su cuerpo y entró en coma. Sin duda, si Polo no hubiera protegido de las llamas a la niña, ésta habría muerto.

Los médicos creían que Viviana no sobreviviría, pero tras múltiples cirugías de injerto de piel y una traqueotomía para ayudarla a respirar, consiguieron salvarle la vida,. Aunque su estado no es claro todavía, se va recuperando poco a poco.

 

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